martes, 11 de agosto de 2009

CONTEMPLAR LA CRUZ DE CRISTO

“La gente estaba allí mirando; los jefes, por su parte, se burlaban diciendo: ‘Si salvó a otros, que se salve a sí mismo, ya que es el Mesías de Dios, el Elegido.’ También los soldados se burlaban de él. Le ofrecieron vino agridulce diciendo: ‘Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.’ Porque había sobre la cruz un letrero que decía: ‘Este es el rey de los judíos.’”
Lc 23,35-38

Este pasaje del Evangelio de Lucas nos presenta una situación en la que todos nos encontramos. Vemos en la escena a diferentes actores que intervienen frente al crucificado, adoptando diversas actitudes. Todos miraban la cruz de Jesucristo.

Unos, los que lo estaban crucificando por órdenes de Pilatos, otros que pedían su muerte y querían verlo humillado y mancillado. Otros que piadosamente venían a atestiguar con horror la muerte del Mesías, del Salvador.

Pero también entran en escena todas las personas que allí estaban, y que no tenían una participación protagónica en el hecho. Personas que simplemente pasaban por allí, y que por pura curiosidad se acercaban a mirar la ejecución. Había también quienes querían ver lo ocurrido sin inmiscuirse demasiado, por miedo a ser envueltos en acusaciones y persecución, o incluso la misma muerte. Entre ellos podemos contar a muchos de los discípulos o a los mismos Apóstoles de Jesús.

Seguramente también encontraríamos a comerciantes, publicanos, mercaderes y otras gentes ajenas a la situación que simplemente estaban en el lugar, pero que acudían a Jerusalén cada año por miles para atender sus negocios, sus ofrendas o todo aquello que una gran ciudad puede ofrecer en fechas importantes.

De todas estas personas, protagonistas o no, reconocemos muchas actitudes relacionadas a aquello que nuestro Señor nos pide en no pocas ocasiones: CONTEMPLAME EN LA CRUZ.

Es indudable, y aquí no tenemos riesgo de error, que todo hombre en la tierra mira hacia la Cruz del Calvario, y en ella a Jesucristo, Hijo único de Dios, entregando su propia vida por la salvación de la humanidad. Toda persona, creyente o atea; tibia, fría o ardiente en la fe; practicante o pasiva, enemiga o entregada, tiene los ojos puestos en la cruz más de una vez en su vida.

El punto de inflexión viene cuando cada uno adopta una postura diferente frente a esa escena cúspide en la historia de la salvación. Cada uno se identifica con esos actores que veíamos en la escena del Evangelio.

Hay quienes como María y el discípulo amado contemplan la Cruz con admiración, con agradecimiento y con sentimiento de injusticia, ya que alguien más padeció por sus propias culpas, y están dispuestos a hacer algo por reparar el daño.

Otros miran la Cruz con desprecio, sintiendo que es algo demasiado insignificante y molesto para su dignísima humanidad el tener que escuchar a ese hombre que se hace pasar por Dios, o que promete muchas cosas que no les representan nada de ganancia ni valor.

Hay muchos, tal vez demasiados, que conociendo a ese Jesús en quien creyeron, miran la escena desde lejos, desde la comodidad del anonimato, y prefieren no acercarse mucho para no ser mal vistos, o por vergüenza.

Para otros será la incomodidad y flojera de tener que cambiar de vida, pero no pretenden siquiera girar la mirada para descubrir la verdad de sus miserias.

Están también, claro, los que no creen en el crucificado, tal vez ni lo conozcan, y que simplemente miran todo por pura curiosidad y pasan de largo. Sin darse cuenta que quizás están perdiendo la única oportunidad de encontrar vida verdadera, y continúan su camino viviendo de puras ilusiones, o de brillos herrumbrados del metal.

Cada uno de nosotros tiene que analizar su propio corazón y darse cuenta de que no podemos evitar estar en escena. No importa la manera en que lo justifiquemos o disfracemos nuestra conciencia. Inevitablemente TODA PERSONA mira la Cruz de Cristo. El problema es… desde dónde la miramos y con qué personaje me identifico. Más allá de esto, sólo queda decidir qué hacer si quiero cambiar de lugar.

martes, 2 de diciembre de 2008

Adviento

A un año del nacimiento de Jesús en nuestro corazón
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El Papa Benedicto XVI nos habla de la dimensión del tiempo como motivo de reflexión para este Adviento: la celebración del nacimiento del Cristo encarnado en María, y la gozosa espera de la venida del Justo Juez. Hace un año que nos habíamos preparado para el nacimiento de Jesús en nuestros corazones, en la Navidad anterior, entonces ¿Cómo celebraremos esta Navidad? ¿Cómo nos prepararemos este Adviento luego de haber tenido a Cristo en el corazón durante 365 días? ¿Cómo cumplimos la misión que Él nos encomendó?

miércoles, 26 de noviembre de 2008

La Santísima Trinidad en San Pablo

La Santísima Trinidad en San Pablo
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¿Cómo un judío "acérrimo" acepta creer en un Dios que es tres Personas a la vez? ¿Cómo entiende el Amor del Padre, la salvación que viene con el Hijo, y la presencia consoladora del Espíritu Santo en cada persona? (Pedro García, en Catholic.net)

jueves, 20 de noviembre de 2008

La Caridad y el ejemplo de Zaqueo

La Caridad y el ejemplo de Zaqueo
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El Papa Benedicto XVI nos resalta la estrecha conexión entre Eucaristía y Caridad. Todo cristiano debe vivirla en cada momento y siempre apuntando a acrecentarla, así multiplicaremos los talentos recibidos y saldremos al encuentro del Señor

la decisión y los muertos

La decisión y los muertos
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¿Quién habla más fuerte: un vivo o un muerto? Aprendamos a "escuchar" lo que nos dicen los difuntos a través del legado de su historia, de cómo vivieron mientras estuvieron entre nosotros (Catholic.net)

Amar a Dios y al Prójimo

Amar a Dios y al Prójimo
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Dios está por encima de todas las cosas: en la medida que el pueblo de Dios entiende y vive esta realidad, encuentra la paz y realiza el amor a sus hermanos en la medida en la que Jesús nos amó

La ropa ceñida

La ropa ceñida
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El cristiano será el siervo que espera a su Señor despierto, con la lámpara encendida y la ropa ceñida: actitud plena y abierta a servir, a estar dispuesto a ser llamado y a atender al ser amado, es decir, a Cristo en nuestro prójimo.

Iglesia Católica y Apostólica...

Iglesia Católica y Apostólica...
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Reflexión sobre el evangelio del Domingo Mundial de las Misiones: Cristo en persona envía a los apóstoles a evangelizar al mundo, con Pedro a la cabeza.

jueves, 16 de octubre de 2008

Dejarse seducir
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La música de Dios, su maravillosa melodía, la eternidad de amor que nos da a través de su Palabra...

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Cómo nos podemos revestir del Evangelio, de la Palabra de Dios, de tal manera que cuando la gente nos vea "sepa" que somos hijos de Dios? Cómo nuestro testimonio prepara el terreno para el Sembrador, de tal manera que podamos nosotros, en el verdadero sentido de la palabra, poder "cosechar" la mies del Señor?... escucha este audio que aplica a nuestra vida diaria la enseñanza del Señor.